Veamos estas proposiciones: 1) Edmundo nació en Rosario. 2) Es posible que Adriana viaje a Mendoza. (Para simplificar la lectura, uso el vocablo proposición como sinónimo de lo que solía llamarse juicio y ahora suele llamarse enunciado.)
Y bien. ¿Qué sucede con la proposición 1) con respecto a la verdad? Pues lo siguiente: dicha proposición es o bien verdadera o bien falsa. En todos los casos de este tipo se enuncia una proposición que es verdadera sin más o es falsa sin más. No hay valores intermedios, o si se quiere, no hay matices.
Pero en la vida cotidiana matizamos. En la vida cotidiana decimos, p. ej., “Quizás le regale un libro”; y esta afirmación ¿es verdadera cuando efectivamente regalo el libro y es falsa cuando no lo regalo? No parece muy lógico sostener que es falsa cuando no lo regalo, pues yo no dije “Le regalo un libro”, sino “quizás” o sea “es posible”.
Es lo que sucede con la proposición 2). Dicha proposición tiene algo más que la proposición 1), tiene la expresión “es posible que” y esta expresión o cláusula se llama modalidad o también operador modal. El Diccionario de la Real Academia Española, en el vocablo modalidad dice: modo de ser o de manifestarse una cosa.
Ahora aceptemos que P simboliza “Regalo un libro “ o “Adriana viaja a Mendoza”. El operador modal se coloca antes de la proposición. Entonces la estructura lógica de los ejemplos del tipo 2) será así: “Es posible que P”.
Como sabemos, a toda proposición se le puede aplicar la negación. ¿Y cuál sería la negación de “Es posible que P”? Una respuesta podría ser esta: “Es posible que no P”. Pues no. Lo correcto es “No es posible que P”. En otras palabras, la negación se obtiene negando la modalidad.
Hay otras tres modalidades: “es necesario que P”, “es imposible que P” y “es contingente que P”. En la temática modal puso su ojo certero, como en tantos otros asuntos de la filosofía, ese enorme pensador que se llama Aristóteles (384 – 322 a.C.).
Desde entonces hasta hoy han corrido las aguas filosóficas. En esas aguas navega con precisión conceptual y fuentes bibliográficas de primera mano la filósofa tucumana María Josefina Norry en su libro Modalidad Lógica y Ontológica (Tucumán, Universidad Nacional de Tucumán, 2006).
Despliega allí Norry una escritura sin excesivo tecnicismo. Sabe brindar al lector en cada capítulo el meollo del asunto. Pero sabe ante todo dos cosas. Una, que la ontología o metafísica sigue siendo el corazón de la filosofía y si bien ese corazón ha tenido sus dolencias, sigue latiendo como en los días inmortales de los griegos. La otra, que la lógica no es el órgano de ninguna escuela filosófica sino un instrumento de análisis riguroso y neutral.
He encontrado en la modalidad, confiesa Norry, una especie de extraña piedra filosofal, no porque convierta en oro cuanto toca, sino porque ilumina con nueva luz los problemas de la filosofía.
El libro tiene cuatro partes. La primera es un deslinde semántico, Se destacan las modalidades aléticas, del griego aletheia, que significa verdad, no solo en el sentido de adecuación del enunciado con la realidad sino en el más amplio de descubrimiento, develación, esto es, levantar el velo de la apariencia. Desde el vamos nos sale al encuentro la dimensión ontológica.
La segunda parte, la más extensa del volumen, trae un desarrollo histórico, a partir de Aristóteles. Tras El Estagirita desfilan la escuela megárico-estoica de Diodoro Crono y , Crisipo; luego el epicureísmo, con el célebre poema de Tito Lucrecio Caro. También los medievales, Abelardo, Alberto Magno, Guillermo de Shyreswood, Pedro Hispano, el Pseudo Escoto y Santo Tomás de Aquino.
En la Edad Moderna, señala la autora, hay una especie de paralización de la lógica formal. Norry estudia la modalidad en Leibniz y en Kant.
En la filosofía contemporánea destaca a Nicolai Hartmann (1882-1950), por algo una afirmación de este pensador encabeza el libro: Las decisiones fundamentales de la metafísica se toman siempre en el terreno de la modalidad. Y no podía faltar la referencia al Tractatus Logico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein (1889-1951).
Al cerrar el enfoque histórico la autora adhiere a la filosofía del estadounidense Samuel Kripke (nacido en 1940), quien ha elaborado una semántica a partir de Leibniz. Para Kripke, ser algo verdadero significa ser verdadero en algún mundo posible; y ser algo necesariamente verdadero significa ser verdadero en todos los mundos posibles.
La tercera parte trata los sistemas de lógica y la cuarta y última aborda la relación modal entre lógica y ontología, hilo conductor del volumen. ¿La necesidad es solo lógica, basada en principios que previamente postulamos? ¿O hay en la realidad sucesos necesarios, que no dejarán de ocurrir sean cuales fueren nuestros discursos sobre tales sucesos?
La cuestión de la lógica modal no puede ser resuelta de espaldas a la metafísica, dice Norry, y entonces la noción de necesidad lleva al tema de determinismo y libertad.
Se inclina Norry por un determinismo moderado, donde se afirma que todos los sucesos tienen causas, si bien por cierto no siempre las conocemos; algo totalmente diferente del fatalismo, según el cual los hechos acontecen al margen de nuestras decisiones. El determinismo moderado es compatible con la libertad humana.
El libro tiene un prólogo del destacado filósofo Roberto Rojo, profesor emérito de la Universidad de Tucumán, de quien Norry es discípula. Hubiera sido útil añadir una tabla de autores y materias.
Platonis
Este artículo reproduce, con modificaciones, el publicado en La Gaceta de Tucumán el 29 de julio de 2007.
Y bien. ¿Qué sucede con la proposición 1) con respecto a la verdad? Pues lo siguiente: dicha proposición es o bien verdadera o bien falsa. En todos los casos de este tipo se enuncia una proposición que es verdadera sin más o es falsa sin más. No hay valores intermedios, o si se quiere, no hay matices.
Pero en la vida cotidiana matizamos. En la vida cotidiana decimos, p. ej., “Quizás le regale un libro”; y esta afirmación ¿es verdadera cuando efectivamente regalo el libro y es falsa cuando no lo regalo? No parece muy lógico sostener que es falsa cuando no lo regalo, pues yo no dije “Le regalo un libro”, sino “quizás” o sea “es posible”.
Es lo que sucede con la proposición 2). Dicha proposición tiene algo más que la proposición 1), tiene la expresión “es posible que” y esta expresión o cláusula se llama modalidad o también operador modal. El Diccionario de la Real Academia Española, en el vocablo modalidad dice: modo de ser o de manifestarse una cosa.
Ahora aceptemos que P simboliza “Regalo un libro “ o “Adriana viaja a Mendoza”. El operador modal se coloca antes de la proposición. Entonces la estructura lógica de los ejemplos del tipo 2) será así: “Es posible que P”.
Como sabemos, a toda proposición se le puede aplicar la negación. ¿Y cuál sería la negación de “Es posible que P”? Una respuesta podría ser esta: “Es posible que no P”. Pues no. Lo correcto es “No es posible que P”. En otras palabras, la negación se obtiene negando la modalidad.
Hay otras tres modalidades: “es necesario que P”, “es imposible que P” y “es contingente que P”. En la temática modal puso su ojo certero, como en tantos otros asuntos de la filosofía, ese enorme pensador que se llama Aristóteles (384 – 322 a.C.).
Desde entonces hasta hoy han corrido las aguas filosóficas. En esas aguas navega con precisión conceptual y fuentes bibliográficas de primera mano la filósofa tucumana María Josefina Norry en su libro Modalidad Lógica y Ontológica (Tucumán, Universidad Nacional de Tucumán, 2006).
Despliega allí Norry una escritura sin excesivo tecnicismo. Sabe brindar al lector en cada capítulo el meollo del asunto. Pero sabe ante todo dos cosas. Una, que la ontología o metafísica sigue siendo el corazón de la filosofía y si bien ese corazón ha tenido sus dolencias, sigue latiendo como en los días inmortales de los griegos. La otra, que la lógica no es el órgano de ninguna escuela filosófica sino un instrumento de análisis riguroso y neutral.
He encontrado en la modalidad, confiesa Norry, una especie de extraña piedra filosofal, no porque convierta en oro cuanto toca, sino porque ilumina con nueva luz los problemas de la filosofía.
El libro tiene cuatro partes. La primera es un deslinde semántico, Se destacan las modalidades aléticas, del griego aletheia, que significa verdad, no solo en el sentido de adecuación del enunciado con la realidad sino en el más amplio de descubrimiento, develación, esto es, levantar el velo de la apariencia. Desde el vamos nos sale al encuentro la dimensión ontológica.
La segunda parte, la más extensa del volumen, trae un desarrollo histórico, a partir de Aristóteles. Tras El Estagirita desfilan la escuela megárico-estoica de Diodoro Crono y , Crisipo; luego el epicureísmo, con el célebre poema de Tito Lucrecio Caro. También los medievales, Abelardo, Alberto Magno, Guillermo de Shyreswood, Pedro Hispano, el Pseudo Escoto y Santo Tomás de Aquino.
En la Edad Moderna, señala la autora, hay una especie de paralización de la lógica formal. Norry estudia la modalidad en Leibniz y en Kant.
En la filosofía contemporánea destaca a Nicolai Hartmann (1882-1950), por algo una afirmación de este pensador encabeza el libro: Las decisiones fundamentales de la metafísica se toman siempre en el terreno de la modalidad. Y no podía faltar la referencia al Tractatus Logico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein (1889-1951).
Al cerrar el enfoque histórico la autora adhiere a la filosofía del estadounidense Samuel Kripke (nacido en 1940), quien ha elaborado una semántica a partir de Leibniz. Para Kripke, ser algo verdadero significa ser verdadero en algún mundo posible; y ser algo necesariamente verdadero significa ser verdadero en todos los mundos posibles.
La tercera parte trata los sistemas de lógica y la cuarta y última aborda la relación modal entre lógica y ontología, hilo conductor del volumen. ¿La necesidad es solo lógica, basada en principios que previamente postulamos? ¿O hay en la realidad sucesos necesarios, que no dejarán de ocurrir sean cuales fueren nuestros discursos sobre tales sucesos?
La cuestión de la lógica modal no puede ser resuelta de espaldas a la metafísica, dice Norry, y entonces la noción de necesidad lleva al tema de determinismo y libertad.
Se inclina Norry por un determinismo moderado, donde se afirma que todos los sucesos tienen causas, si bien por cierto no siempre las conocemos; algo totalmente diferente del fatalismo, según el cual los hechos acontecen al margen de nuestras decisiones. El determinismo moderado es compatible con la libertad humana.
El libro tiene un prólogo del destacado filósofo Roberto Rojo, profesor emérito de la Universidad de Tucumán, de quien Norry es discípula. Hubiera sido útil añadir una tabla de autores y materias.
Platonis
Este artículo reproduce, con modificaciones, el publicado en La Gaceta de Tucumán el 29 de julio de 2007.

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