Contact form generator powered by 123ContactForm.com | Report abuse

sábado, 9 de febrero de 2008

EL SECRETO DE JOSEFINA

Yo me preguntaba el motivo del éxito de Josefina en sus clases (1) hasta que encontré la respuesta: sabe que enseñar es un acto esencialmente teatral.
Y también lo es, por ende, enseñar filosofía. La filosofía se centra en la noción de teoría. Teoría significa en griego ‘mirar’, ‘contemplar’, y esto es lo que hacía en Grecia el espectador de los juegos y festivales públicos y del teatro. El teatro no podría existir sin el espectador, no solo porque el espectador contempla sino porque también interviene. Y el actor tiene que enseñarle a contemplar e intervenir.
Además de enseñar, Josefina escribe libros. Vamos a detenernos en uno de ellos: El Poder de las Ideas, editado por Biblos en 2004. Narra la autora que en sus cursos suele formular esta pregunta: ¿de qué está hecha la Torre Eiffel? Los alumnos dan respuestas diversas. De acero. No. De hierro. No. De cobre. No.
La respuesta es: de aire. ¿Cómo de aire? Porque de no ser por el aire, la torre sólo sería una larga pirámide maciza y opaca. La torre es lo que es por una sabia proporción donde el hierro se combina con el aire.
Pero el aire no se ve. Percibir el aire es un esfuerzo. Como diría Hegel, es resultado de la mediación, de desviar la mirada; llegar a la esencia de la torre visible requiere detenerse en lo no visible. O dicho de otro modo: para alcanzar el núcleo es menester pensar lo no pensado, dice Josefina evocando a Heidegger.
Pensar lo no pensado consiste en captar la presencia en el modo de la ausencia. Percibir ese fondo, ver el aire del paradigma moderno, es el salto para ir en busca de otro paradigma. El poder de las ideas es el aire de las ideas.
Un pensador clave para Josefina es Edgard Morin. Francés, nacido en 1921, a los treinta años fue expulsado del Partido Comunista porque no digería el materialismo dialéctico. Liberado de la “mala fe” que lo había mantenido sujeto al Partido, pudo dar cauce a su propio pensamiento. Sabe que ninguna revolución suprimirá jamás las contradicciones de la vida y de la historia.
Morin se enfrenta con el paradigma de simplicidad, cuya tesis radica en buscar el orden del universo en un solo principio, una ley que sea la base de todo; y postula trabajar con el paradigma de la complejidad. Acá llegados debemos evitar dos confusiones. Una confusión es suponer que la complejidad lleva a eliminar la simplicidad y por lo tanto no le interesa el orden, ni la claridad. La otra confusión es entender complejo como sinónimo de completo o lleno.
Si digo que el ser humano es un ser complejo, o la arquitectura es un arte complejo, eso no quiere decir que ya he completado todo cuanto se puede decir sobre el ser humano o sobre la arquitectura; un conocimiento completo, en rigor, sería imposible, porque entonces se terminarían la investigación y el aprendizaje.
La base de la complejidad es que las cosas y los seres vivientes no se explican por un solo principio ni por una sola ley. En el caso de espíritu-mundo, dice Morin, el espíritu está en el mundo y el mundo está en el espíritu. Parece un juego de palabras, pero no lo es.
El paradigma de la complejidad critica la idea de que el mundo es un todo matemáticamente ordenado, o sea, rechaza la filosofía del orden perfecto. En los dos últimos siglos, afirma Josefina siguiendo a Morin, la ciencia se ha convertido en una ortodoxia. Pero si preguntamos ¿qué es la ciencia? nos damos cuenta de que esta cuestión no tiene respuesta científica. La ciencia es un método para conocer las cosas, pero no hay un método científico para estudiar a la ciencia misma.
La ciencia, entonces, es una parte de la sociedad que lleva en sí el todo de la sociedad. ¿Y cómo lo lleva? Lo lleva hologramáticamente; este extenso vocablo no figura en el Diccionario de la Real Academia, pero hay un vocablo más breve e idóneo para el caso: holograma.
Se llama holograma a la imagen óptica obtenida mediante la holografía y holografía es la técnica fotográfica basada en el empleo de la luz producida por el láser. Cuando después de revelar la foto la miramos, vemos que se forma un objeto tridimensional, por ejemplo, en las tarjetas de crédito.
¿Qué ha sucedido? Cada elemento de la foto es portador, o sea, lleva en sí mismo la totalidad de la foto. En griego hólos significa ‘entero’ y ‘todo’.También en los organismos vivos cada célula contiene en sí, genéticamente, el engrama o plan del organismo entero, y esto hace factible la reproducción por clonación.
Por lo tanto, debemos pensar que cada objeto es no algo aislado sino más bien como una red: un auto no es sólo un auto, requiere combustible, esto involucra a empresas que extraen petróleo, transformado luego en nafta, además el auto ha sido fabricado con ingenieros y operarios mediante diseños, supone un suelo, ruta o camino, asfalto o tierra y dinero para comprarlo y venderlo, etc.
Tenemos, pues, un principio de organización que podría formularse así: el todo está implicado en cada una de las partes y cada parte a su vez implica el todo. O con redacción más breve, el todo está en la parte que está en el todo. Nada es lo que es, cada cosa es más de lo que es, dice la escritora Marguerite Yourcenar(1903-1987), citada por Regnasco.

La autora se ocupa también de Hans-Georg Gadamer, pensador alemán (1900-2002), que se centra en la hermenéutica, vocablo griego que significa ‘interpretación’. Gadamer ha elaborado una filosofía de la experiencia lingüística, de estilo dialéctico-especulativo, configurada en un ethos viviente, o en palabras más llanas, instala la hermenéutica como filosofía práctica y pide una nueva autocomprensión del hombre.

Hacia el final del volumen aparece Friedrich Nietzsche (1844-1900), cuya filosofía está hecha de intuiciones fulgurantes. Lo que cuento, escribe Nietzsche, es la historia de los dos próximos siglos. Esa historia describe la llegada del nihilismo.
Y Regnasco señala que hoy vivimos un nihilismo diferente, la cultura del nanosegundo. En el afán por dividir el curso temporal, el ser humano ya trabaja con el nanosegundo, que es la milmillonésima parte de un segundo, o sea 10 elevado a la -9.
Por primera vez en la historia, señala Josefina, el tiempo se organiza con una pauta que sobrepasa el nivel de la conciencia. La conciencia vive enferma de velocidad.
Esta vida, dice Nietzsche, habrás de vivirla nuevamente. Es la teoría del Eterno Retorno de lo igual: Todo cuanto existe y cuanto sucede en este instante, sea en la naturaleza, sea en la vida humana, ha existido y ha sucedido ya, exactamente como ahora, infinitas veces; y otra vez, como ahora, volverá a suceder; y así siempre. El curso del mundo regresa eternamente, idéntico hasta en los detalles más nimios. Esta teoría, de discutible solidez desde la perspectiva cosmológica, tiene no obstante un trasfondo ético: exige vivir cada instante con plena intensidad de modo que su infinita repetición sea un anuncio de divina alegría.
Y Regnasco se pregunta: ¿Qué le respondemos al profeta del Eterno Retorno en la era del nanosegundo?

Y acá se impone un pequeño rodeo. El libro de Regnasco se relaciona con otro anterior suyo, que lleva un título de resonancia kantiana: Crítica de la Razón Expansiva, también publicado por Biblos en 1995.
Y así como Kant pone bajo la lupa, el conocimiento humano, Regnasco pone bajo la lupa la idea de progreso. La noción de progreso preside como un imperativo la estrategia de nuestro tiempo, hemos llegado a creer que el ser humano está destinado a posibilidades infinitas y que cuestionar esto equivaldría a negarle al ser humano la capacidad de vencer obstáculos. Vivimos en el paradigma del progreso indefinido.
¿Por qué hemos llegado a esto? Porque la razón moderna, para la cual el espacio y el tiempo son homogéneos e infinitos, ha desplegado una especie de impulso que latía en su seno y, convertida en razón científico-técnica, es el motor de una formidable máquina de producir... que desemboca en una máquina de destruir.
El filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955) hablaba hacia 1929 del “imperialismo de la física”, bien podemos hablar hoy del imperialismo de la razón científico-técnica. La obsesión de esta razón es expandirse ilimitadamente.
Y escribe Regnasco: a la seducción actual, que exclama “Llega ser todo lo que quieras”, estaría bien oponer el apotegma griego formulado por el poeta Píndaro: “Llega a ser lo que eres”.
Vale la pena conocer el secreto de Josefina.

Platonis

(1) María Josefina Regnasco ha dado clases, entre otros lugares, en la Universidad de Buenos Aires, el Instituto Superior del Profesorado “Joaquín V. González” y la Universidad de La Plata. Actualmente lo hace en la Universidad Abierta Interamericana.

1 comentario:

Mk dijo...

INCREIBLEE EL TEXTO, BUENISIMO!!!
HURRA PARA JOSEFINA Y PARA PLATONIS, QUE SUPO SINTENTIZARLO MAGNIFICAMENTE!